Cuando lo leí por primera vez fue en el suelo de la biblioteca porque no me atrevía a llevármelo a casa. Tenía trece años y lo sentí como un acto de perversión brutal. ¡Un libro que me maldecía! Y aquella niña que creía en Dios, en el amor y en su capacidad para detener el tiempo, volvió en quince días y se llevó con ella a Baudelaire.
Miriam Fueyo
Escritora








